miércoles, 13 de diciembre de 2017

Presentación de Estatuas de sal en Cañada Rosal... con sombrero rojo





Hola amigos. Hoy voy a entregaros un cachito de mi cielo. Voy a compartir con vosotros la segunda presentación de Estatuas de sal, esta vez, en Cañada Rosal, el que podría llamarse mi pueblo natal, aunque no sea así con exactitud. 

Nací en Palma del Río, en un día alocado e intenso donde mis padres decidieron que era bueno que mi madre se fotografiase estando embarazada. Tras la mencionada reflexión, decidieron que había que busca un fotógrafo, y el fotógrafo más cercano estaba en Palma del Río. Así que papá joven y alocado, propuso a mamá joven y alocada, y ambos, convertidos en motoristas del momento, pusieron pies en polvorosa en busca del fotógrafo deseado. 

De esa guisa, y con tanto ajetreo... decidí yo que eso de la foto no estaba mal, pero que a mí eso de tanta carrera no me gustaba. (Mal hecho, aun hoy en día sigo corriendo, ji ji). Por ello, tras la hermosa fotografía de los dos jóvenes moteros en la que casi salgo yo asomando bajo el vestido de mamá... decidí nacer. Ya. De pronto.¿Por qué no?

Tras ese día memorable para algunos, estresante para otros, y desde luego, vital para mí... pusimos rumbo a la mágica y legendaria Córdoba, donde llegué a mi primer añito de edad. 

A partir de ahí.... "voilá". Rumbo a Cañada Rosal, un pueblo encantador de Sevilla que se da la mano con Palma del Río, y que me acogió como los carrosaleños saben hacer. Con todo el corazón, el alma y el espíritu. 

viernes, 8 de diciembre de 2017

El cetro. Capítulo 4





Capítulo 4

Iris contuvo la respiración. Con las manos ligeramente temblorosas, acarició la tapa de la caja antes de abrirla. Ernesto se había sentado a su lado. Como siempre hacía cada vez que alguno de los dos tenía ante sí algo importante. Eran dos mellizos que más bien parecían gemelos por la  increíble afinidad que poseían.

Ambos se miraron un momento sonriendo al ver el interior. Canicas, cromos, un trozo de tela de una camisa de Ernesto, y… ¡Vaya! Ambos contuvieron el aliento mientras Ernesto tomaba aquel objeto entre sus manos y lo acercaba más a ambos.

sábado, 2 de diciembre de 2017

El cetro. Capítulo 3



Capítulo 1
Capítulo 2

Capítulo 3


- Iris… ¿estás bien? – volvió a preguntarle Ernesto preocupado.
- Anoche salí de copas e igual me pasé un poco. No lo sé.

Un llanto apagado se escuchó desde el interior de la casa y ambos hermanos entraron inquietos. Jacinta lloraba de forma silenciosa mientras partía unas verduras como si en ello le fuese la vida.

- Mamá, ¿qué pasa?- le preguntó Iris acercándose a ella preocupada. Pero no consiguió acercarse mucho cuando de nuevo, sintió que la vista se le nublaba y caía al suelo.


Una anciana de ojos alegres idénticos a los suyos, le acariciaba su negra y brillante cabellera, mientras con ternura, colocaba sobre la palma de su mano un escarabajo precioso…

Iris observó su mano y comprobó que como la vez anterior, era tan solo una niña. La voz de la anciana le susurraba palabras que no entendía del todo, y otras que sí…

-         El escarabajo verde es el disfraz que adopta el Dios Ra, mi pequeña. Al igual que ese bichito pequeño, el Dios Ra también hace girar y girar el sol de un lado al otro del firmamento para que a todos nos llegue su calorcito

Al igual que la vez anterior, despertó con su madre y su hermano a su lado.

- Aquí ocurre algo y vosotras dos me lo vais a contar ahora mismo. – susurró Ernesto pasándose una mano nervioso por el pelo.

Sin decir una sola palabra, la madre se dirigió a uno de los cajones de su cómoda y ante los atónitos ojos de sus hijos, sacó una pequeña bolsa de terciopelo rojo. La colocó con mucho cuidado ante ambos y de su interior, sacó una pequeña cajita de forma irregular. Tenía forma triangular, de madera, y totalmente cubierta de pequeños cuadraditos tallados y cubiertos de colores.

Rojo, amarillo, azul y verde la decoraban. En el centro había un dibujo. Un papiro egipcio. Los lados de la caja medían aproximadamente y a simple vista unos quince, veinte y veinticinco centímetros.

Ambos hermanos contuvieron la respiración. Su caja de tesoros.

Fue entonces cuando Iris escuchó, de forma clara y precisa, como si viniese de alguien que estuviese en la misma habitación…la voz de aquella anciana que antes había visto en sueños y en sus desmayos.

-         Guarda aquí tus tesoros pequeña. Tiene la dimensión 3,4,5. El triángulo sagrado.



Capitulo 5 (Sin publicar)

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Labios arrugados



Hoy me he levantado con frío. Con una sensación gélida que me hace sentir un dolor punzante en alguna parte de mí, que no logro identificar. Siento que el mundo es gris, frío, inerte… de ese humo espeso que te corroe el alma.

Hoy me he levantado con frío.

Con mucho recelo me acerco a la ventana de mi dormitorio. Como si en una ceremonia del té me hallase, subo la persiana con sigilo, comprobando algo ausente e incluso incrédula, como el sol osa brillar con fuerza.

domingo, 26 de noviembre de 2017

El cetro. Capítulo 2


Capítulo 1

Capítulo 2



“El sol quemaba su piel. Pero a la vez… sus pies estaban frescos. Miró hacia abajo y los vio sumergidos en el agua de aquél enorme río. Sentía paz. Una alegría inmensa que no podía describir. Se dejó caer hacia atrás y apoyó ambas manos en el suelo haciendo equilibrio. Le pareció escuchar una voz que la llamaba…

sábado, 18 de noviembre de 2017

El cetro. Capítulo 1




Capítulo 1

Cuentan que los antiguos egipcios conocían que el cielo estaba sostenido por pilares de papiro, planta surgida del pantano donde nació el propio dios Ra. Para que quedase constancia clara de ello, adornaban las columnas de sus grandes templos inspirándose en esta planta, de ahí, las columnas papiroformes que sostienen el templo como si del universo se tratase…


Iris miró a su alrededor. Igual se había pasado un poquito. Todo el jardín lleno de pequeños agujeros por aquí y allá. Suspiró y se llevó la mano polvorienta al sudoroso rostro dejando una buena mancha en él.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Los amantes, de René Magritte




¿Por qué te escondes? ¿Por qué no me dejas seguir la línea de tu mirada? ¿Por qué no puedo sujetar tu mano? ¿Por qué no siento tu calor? ¿Por qué no escucho tu risa?

Quizás porque te fuiste, sin susurros de despedida, sin reproches de lo que pudo haber sido, solo con el dolor de lo que no fue, dejando un vacío en mi pecho y en mi vida, dejando heridas abiertas que no consigo cerrar. Pero no son esas heridas las que duelen, sino más bien el miedo a que ha sido ese propio sentimiento el que te alejó de mí.


Me rompiste el corazón en millones de pedazos. Me dolió el golpe, me astilló la rotura, pero lo que en realidad desgajó mi pecho fue que te guiase la cobardía, que taponases los oídos de tu conciencia y solo abrieras las alas del qué dirán...
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